Corfú, la verdad es que el plan del día pintaba muy bien, no había que madrugar demasiado e incluso daba tiempo a hacer un poco de todo, aunque la realidad fue bastante distinta.
El caso es que nos levantamos y por la hora que era directamente nos fuimos a comer tranquilamente porque el paseíto que nos íbamos a dar prometía ser bastante largo. Nos dirigimos a la salida, el día pintaba feo, no hacía frío pero había bastantes nubes un poco feas. De hecho salimos del barco y no habían pasado ni 5 minutos cuando empezó a llover... Con las mismas que habíamos salido nos volvimos a meter porque después de la experiencia de Pompeya, aunque en aquella ocasión sí llevábamos excursión cosa que está vez no repetimos, no nos apetecía pasar por la misma experiencia pasada por agua.
Por tanto nos dispusimos a pasar el día tranquilamente en el barco aunque por la hora que era no se diferenciaba de otros días pues era la misma hora a la que llegábamos de la salida del día. Todo se tradujo en hacer tiempo en uno de los cafés del barco entre portátil, siesta, vuelta y demás, nos dieron las 19 y pudimos bajar al trivial, del cual marga la organizadora ya nos había chivado dos preguntas. Aunque ni con esas ganamos, pues la cosa estaba muy reñida, sobretodo porque para responder había que llegar a una silla que estaba en el centro de los participantes y entre las carreras, los empujones y los placajes daba miedo acercarse, tanto fue así que la silla estuvo a punto de romperse en un par de ocasiones. Justo antes de bajarnos apareció Alexandra, la relaciones públicas del barco y la encargada de las cartas que nos habían llegado así como la cesta de fruta. El caso es que vino a pedirnos disculpas por el error que había cometido que para nada había sido intencionado y había sido fruto de un mal cruce de datos. Después de disculparse en varias ocasiones y estar un rato hablando con nosotros, pues le hicimos las mismas peticiones que el día anterior a Miguel se marcho y ya seguimos con nuestro quehacer.
Ya después tocó la cena, en la cual aparte de que nos pusieron al día sobre lo poco que había que ver en la ciudad de Corfú y por último tuvimos un postre especial, la bomba Alaska servida a ritmo de la bomba de un cantante de cuyo nombre no me acuerdo y no voy a ponerme a buscarlo :)
El espectáculo de la noche... Un mágico espectáculo, el mago demasiado chulo, la verdad es que daba un poquito de grima verle, parecía que hablaba sólo y que se daba el mismo demasiada importancia. Al principio los números eran hasta cierto punto evidentes, pero la verdad es que con el último nos rompió todos los esquemas... En fin no es algo que se pueda contar, es algo que hay que ver.
Después del espectáculo fuimos a la habitación a dejar las cosas para subir a la discoteca y teníamos una pequeña sorpresa, unos cisnes muy bonitos nos recibieron besándose sobre un corazón, pero ahí no acabó todo... Aunque no lo vimos en un principio al final nos dimos cuenta de que algo fallaba, que era? Un pedazo plato de fruta más grande que el anterior y una Botellita de cava. Ni que decir tiene que fue obra de Alexandra y claro, como no íbamos a disfrutar de semejante regalo, tanto fue así que directamente nos subimos con el cava a la discoteca, que tocaba noche ibicenca, y hay que reconocer que fuimos objeto de algunas miradas pero ya puestos que más nos daba, todos nos habían confundido con pareja, así que, qué menos que disfrutar del regalo y que todo el mundo lo viera :)
Durante la noche dos personas compartieron nuestro cava, una fue el dj de la discoteca, Claudio, un italiano monísimo y la otra fue Marga, como premio a la mejor trivialista, lástima que la mayoría de la gente se retirará pronto sí no alguno más hubiera caído. Además yo con lo contento que andaba, tuve que retirarme antes de que pasara cualquier cosa de la que poder arrepentirme :)
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