Dubrovnik, por fin llegamos a un país nuevo, Croacia en este caso. En esta ocasión también nos tienen que desembarcar en lanchas, pero esta vez usamos los botes salvavidas propios del barco, viene bien ver que funcionan, que nunca se sabe lo q puede pasar. Llegamos al puerto la verdad es que las vistas eran bastante buenas, mucho mar, y varios islotes llenos de vegetación.
Una vez allí hablamos con la pareja de Gijón que venía con nosotros y pillamos un taxi a medias a la ciudad, unos 2,5km de recorrido entre calles urbanas, la verdad es que no estaba nada mal, pero mejor visto desde el coche porque estaba todo lleno de cuestas. Al final nos dejaron en la entrada de la ciudad antigua, toda amurallada y llena de escaleras de piedra y grandes pendientes. En sí mismo la ciudad era muy bonita, callejones estrechos, todo de piedra, todo muy decorativo y como no, la mayoría en obras… el día que haga una visita urbana y no haya obras a lo mejor hasta se convierte en cultural… ainss, si es que sólo de ver los andamios se te quitan las ganas… Bueno el caso es que estuvimos perdiéndonos por la ciudad, viendo el puerto, y un mirador que tenía una vista costera bastante interesante.
Paseando por la ciudad encontramos uno de los locales que salían en la Spartacus, como todos los que habíamos visto anteriormente no tenía ninguna marca que lo identificara, parece que a esta parte de Europa, a la libertad de expresión aun le queda mucho por hacer. Pero bueno, mientras apurábamos el café nos divertimos bastante viendo a una pareja de chicos que teníamos justo en frente, y como hacía foto a todo el que pasaba, ellos no fueron menos, jejejej al final nos fuimos de tiendas por la calle principal y acabamos volviendo al punto de origen, donde tras un rato de espera, volvió la pareja de Gijón y nos fuimos de nuevo al barco.
Allí un poco de SPA, no demasiado porque tampoco hacía muy buen tiempo y luego a la habitación me fui a trastear con el portátil que ya se iba acercando la hora de volver a Madrid y había que ir arreglando algunos asuntos, al final Antonio acabó viniendo también pero a echarse la siesta, jejeje. Casi nos dieron las seis, que era cuando teníamos la charla para el desembarque al día siguiente (snif snif ya se acaba), así que nada, después de una duchita, a hacer maletas y a dejarlo todo recogido, acto seguido llegué a mitad de la charla, con lo cual me enteré de lo que necesitaba saber y luego ya nos quedamos haciendo tiempo para el Bingo, esta vez ya logré enterarme de por qué este año era tan distinto, y es que visto que las anteriores semanas la gente no participaba de los Bingos diarios, o el premio era irrisorio, decidieron unificarlos en dos, uno en la llegada y en otro el día de la despedida, eso sí, el premio era muy goloso, 2500€ a las primeras 46 bolas, como para no intentarlo. Aunque este año el premio se quedó en el bote y lo máximo que alcanzaron a llevarse fueron los 150€ de la recaudación, lo cual el año pasado nos tocó a nosotros y nos pago una excursión entera.
Como teníamos tiempo antes de la cena, nos fuimos al Café Gijón, y recordando que teníamos el camarote lleno de frutas (después de hablar con la camarera), me las traje y se las dimos para que nos prepararan unos batidos, que como estaban los batidos… vamos que ni en el vitamina saben tan bien… aunque después de eso nos sobró poco tiempo porque ya tocaba la hora de la cena, en la cual se produjo un importante cambio, el asistente de nuestro camarero había sido sustituido por un chino cudeiro que no daba pie con bola, era para verlo, solo atendía a dos mesas de cuatro personas y ni con esas atinaba, ainsss, donde estará nuestro Emiliano… Emiliano había sido nuestro asistente el resto de cenas de la semana, la verdad es que era encantador, bastante travieso eso sí por lo que pudimos observar, pero un cielo a fin de cuentas, hablamos con Diego nuestro camarero, porque queríamos que buscaran a Emiliano para que por lo menos se pudiera hacer la foto con nosotros, pero por más que hablaron con los Maîtres no hubo manera, el caso es que por segundo año la foto final del restaurante Mallorca nos sale mal. El año pasado porque nos sobraba un infiltrado de última hora, este año porque nos faltaba un asistente, en fin… parece que no tenemos suerte, aunque dicen que a la tercera va la vencida…
Y digo tercera porque ya hacía unos días en el coctel de gala del capitán nos habían dicho que Ibero Cruceros el año que viene estrenaría una ruta que incluiría Egipto, y claro, la última oportunidad se nos pasaba, así que fuimos a ver a Alejandra que con mucho gusto nos informó de lo que necesitábamos e incluso nos mandó una copia al camarote, así que si todo va bien, el año que viene…. FIESTA!!!!!!!!!!!!
Ya después de la cena nos fuimos al Teatro Ibiza, a ver el último espectáculo, ambientado en los años 80 y la movida. La verdad es que siempre nos encanta esa fiesta, ríes, gritas, cantas y te lo pasas genial, y se de uno que acabó pasándoselo aun mejor cuando subió al escenario a bailar con los bailarines y acabó haciéndose una foto con Luis y Sorin, que como estaba el niño. Y se acabó, el viaje tocaba a su fin, la última actuación, la última cena, y la última sesión de discoteca, que menos que celebrarla por todo lo alto, QUE CORRA EL CAVA!!!!!!
No fue mucha gente la verdad, todos estarían liados preparando maletas o descansando para el día de Venecia, así que aprovechamos para hacernos unas fotos con los camareros y con el súper DJ, he de reconocer que en ambos casos me sobrepase un poco, pero es que el DJ estaba de rico, que mi mano se fue más abajo de lo que debía y menuda satisfacción se llevó ante semejantes glúteos, tanto fue así que probé suerte también con otro de los camareros que nos había atendido personalmente durante la semana pero la verdad es que fue bastante decepcionante en comparación. Pero bueno, el caso es que después de las fotos y a pesar de que siguió sin haber demasiada gente, estuvimos con una parejita de Barcelona y con Marga hablando tranquilamente hasta bien entrada la madrugada.
Y una vez hecho esto, nos dieron las 4 de la mañana, y ya iba siendo hora de irnos a dormir, porque al día siguiente a las 7.30 había que estar levantándose.
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