Crónica de un viaje…. (Día 3)

Después de un sueño reparador para recuperarnos de todo lo ocurrido el día anterior, empezamos a recoger, pues ese día volvíamos a Atenas.

Después de hacer el checkout nos dirigimos al pueblo por última vez, nada fuera de lo normal, una comida donde siempre, continuar viendo un poco el percal y se acabó, no había mucho que hacer, así que con las mismas nos volvimos al hotel donde nos esperaban nuestras maletas y el de recepción que nos llevaría al aeropuerto.

Al llegar allí la tarde había empeorado bastante, y hacia mucho viento, así que visto lo visto temíamos por el avión, montar en otro turbohélice iba a ser toda una experiencia, pero al final resultó ser un avión más moderno y grande, así que por lo menos un poco más tranquilos sí estábamos. Y nada, después de 40 minutos de vuelo llegamos de nuevo a Atenas, de ahí al tren y rumbo al centro para llegar al hotel. La verdad es que no estaba nada mal, algo mejor que el de Mykonos y con algún servicio más.

Como ya la noche estaba avanzada, decidimos ir a picar algo y salir de marcha... Lo primero que nos encontramos fueron un montón de calles muy sucias y llenas de gente de dudosa confianza, la verdad es que las calles recordaban al típico barrio pobre de cualquier ciudad con un nivel medio alto de vida. En el caso de Atenas, la sensación de barrio pobre se palpaba en toda la ciudad, tal era así que daba miedo ir por algunas calles y eso que aún no habían pasado las 22, además estaba el hecho de que orientarse en era ciudad es imposible porque no puedes tener las calles como referencia al estar, no ya en otro idioma, sino escritas con otro alfabeto, sí le añadimos que los mapas no concordaban con la realidad pues para que contar más...

No obstante después de unos cuántos intentos logramos llegar al barrio donde estaban la mayoría de bares y locales de marcha. Allí habíamos quedado con un chavalin local que esperábamos fuera respuesta de muchas cuestiones. Cuando llegó, nos dirigimos a un local del estilo de Antonio, que además estaba bastante vacío y con nadie de su agrado, matizar que era domingo, y claro, eso de que haya marcha todos los días es algo demasiado español. Así que ante el fracaso del primer sitio, nos dirigimos a uno que ya conocíamos, el local no estaba mal, la música era decente y la gente bueno... algunos se dejaban ver, a otros mejor no mirarlos. Pero bueno, hablando con el griego descubrimos muchas cosas acerca de su carácter y su forma de actuar. Lejos del liberalismo que siempre se les ha atribuido, los griegos reniegan de todo lo gay que contiene su pasado, llegando incluso al rechazo en cualquiera de sus formas, como veis todos los mitos acaban cayendo. Desde esta nueva perspectiva podemos definir al gay griego estándar como un armarizado, nadie suele saber de su tendencia sexual y se cuidan mucho de donde y con quién se dejan ver; reina, los griegos parecen ser muy dados a esperar en vez de actuar, son de pocos movimientos y gustan más de estar de pie en una barra sujetando su copa que de mover el esqueleto, y hay que ver que cuerpo tienen algunos, pero claro sí lo tienen sólo para mostrarlo cual estatua no tiene gracia. Y por último tachemos a los griegos de estrechos, ellos parece que jamás se dignan a dar el primer paso, prefieren esperar a que lo des por ellos, lo cual hace que al final no acabe pasando nada.

Bueno pues después de intentar bailar un poco y charlar con el griego fue momento de pasar a la acción, cosa que no explicaré en detalle debido a lo frustrante que resultó, simplemente comentare el resultado, este fue que por fin pudimos probar el producto local, pero lo máximo a lo que se llego no pasó de los besos. Así que con las mismas y después de poner por los suelos el libertinaje griego nos fuimos al hotel con la intención de salir corriendo de allí en cuanto pudiéramos, pero no fue sencillo... Para empezar estuvimos como 20 minutos esperando a que nos dejaran entrar en el hotel porque el de la recepción había desaparecido, lo cual implica que sí de por sí ya íbamos cabreados con el tema, eso no hizo más que acrecentarlo. En definitiva, llegamos a la habitación con la intención de despertar a un día mejor y olvidarnos de todo lo que había ocurrido hasta ahora.