El Gran Reto

La prueba que me tenía tan preocupado fue superada, se habría un nuevo periodo de dicha y plenitud. Era el comienzo de una semana que prometía bastante, que hacía que todo más fácil, parecía que nada podía torcer el buen curso de ese comienzo.

Al día siguiente una reunión se celebraría y de ella dependía gran parte de mi futuro laboral. Si bien parece que la reunión llevo a buen puerto el tema que se trataba, aún no han aparecido resultados al respecto, y yo aún sigo esperando que me comuniquen la decisión que ha tomado, para poder actuar en consecuencia.

Esa misma tarde y para no demorar más el asunto, me puse en contacto con gente de la cual rehuía, no sin razón, pero que me obligan a realizar un trámite “familiar” el cual me deparaba profundas preocupaciones. Así que en un acto de valor e impaciencia logré reunir a la mayoría de ellos para el jueves siguiente.

Ya llegó el miércoles, la verdad es que tenía varias cosas que hacer pero al final sólo pude realizar una de ellas; tiempo atrás había tomado la decisión de darme un cambio de imagen, y aquí llegaba otra de esas pequeñas pruebas que contribuían a él. Me dirigí sin mayores temores, pues realmente sólo me iban a explicar el funcionamiento, los costes y demás… Al final pasamos de la palabrería y entramos en acción. Si bien al principio todo iba medianamente bien, la fase final de esta prueba me produjo ciertos dolores que jamás antes había sentido, punzadas, tirones, ardor… una serie de sensación que no le deseo ni a mis peores enemigos, dicen que la cera es dolorosa, pero el láser… ains… en que hora me metería en esta tortura.

Jueves, los nervios me podían la sensación de que me iba a enfrentar a una situación bastante peliaguda iba tomando forma consciente en mi y acaparaba toda mi atención. Me encaminé un poco antes de tiempo al encuentro de la misma. Al principio todo pareció ir bien, la situación aunque tensa estaba bastante distendida, y comenzó el reparto, ropa, fotos, joyas, cristalería, juegos de café… viejos tesoros que yacían olvidados en algunos rincones de la casa donde vivía, no obstante, no hubo problemas, y aunque la situación era bastante cómica puesto que parecía un mercadillo, los acontecimientos se fueron desarrollando tranquilamente.

Más tarde llego una de mis primas, y entonces la calma desapareció, se empezó a hablar de cuentas, de recibos, de promesas, de circunstancias, de desacuerdos, de dolores, de preocupaciones, un sinfín de habladurías que desembocaron en duros comentarios y en duras respuestas, el hacha de guerra había sido levantada y ya nada la podría bajar… Acabada la discusión pasé a realizar mi oferta por la casa, la cual fue acogida con bastante incredulidad por lo baja que era, y la respuesta fue que como mínimo empezarían a hablar a partir del doble de lo ofertado y un escrito que demostraba el acuerdo al que habían llegado esa parte de la hasta entonces mi familia por parte de padre. En el escrito me “invitaban” a abandonar en menos de un mes, el que había sido mi hogar durante los cuatro años precedentes. Una vez hecho esto y ante mis vanos intentos de conseguir algo más de tiempo, recogieron sus cosas y se fueron.

Me quedé aterrado ante la situación que me esperaba, buscar piso, hacer la mudanza, cambiar de modo de vida y gracias que no cambie de trabajo, sino ahora mismo las cosas podrían estar aún peor. Todo esto ocurrió la semana pasada, ahora mismo la situación se encuentra de una manera bastante distinta, el tema ya ha sido puesto en manos de gente experta, y aunque he intentado ir por la vía de la buena fé y de las buenas maneras, esa vía se ha agotado ante el rechazo de la otra parte, por tanto ha llegado el momento de luchar, si creen que nos iban a atemorizar con sus pretensiones estaban muy equivocados, eso sólo ha hecho que queramos defendernos con uñas y dientes, y eso es precisamente lo que vamos a hacer.